vengo también por ti

Mi querida Isabel,

Es obvio que vengo a la ciudad porque en ella tenemos a la familia, y por lazos que nos unen a todos, pero me gustaría que supieses que cada viaje que hago hacia aquí, además de venir a verles a ellos, también ansío pasar tiempo contigo, y deseo llegar para ver tu sonrisa al recibirme, tu semblante de calma y ternura, y esa inmensa belleza que de ti me ha enamorado. Porque aparte de lo loco que me tienes -fíjate tú, tanto como para escribir y mantener este diario- esa mirada tuya tiene algo que me hace desear volver cada vez, porque me transmite una frescura que tiene mucho que ver con aquello que te dije en uno de tus cumpleaños, de tu alegría de juventud.

Y es que Isabel, por ti no pasan los años, y te sigo viendo tan juvenil con ese brillo en la mirada que ya imagino antes de tenerte delante. Es por eso que hacer tantos kilómetros siempre merece la pena si tú estás aquí. Algún día te diré lo que te quiero, como cuñado, pero hasta entonces permíteme reflejar en este diario lo mucho que te amo como mujer, mi querida Isabel.

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