sábado, 26 de mayo de 2018

dónde estás y quién...

En este tiempo han pasado muchas cosas, y algunas incontables, no por intensidad, sino por ser momentos que no tiene sentido publicar sin una extensa explicación. Algo que sí se puede contar es que he vuelto a "ser su pareja", al menos durante unas horas, compartiendo con ella momentos inolvidables para mi, como si fuese su marido. Que más quisiera yo.


Ahora que estamos lejos, recuerdo cada segundo, y doy gracias por haber estado a su lado, disfrutando de su voz y de su sonrisa. En momentos así soy consciente de que lo más que comparto con ella son momentos de conversación, como mucho el intenso aroma de su piel cuando estamos muy cerca, y no puedo dejar de escuchar en mi mente esa canción de Luis Miguel, preguntándose con melancolía: "¿dónde estás y quién te hará el amor?".

viernes, 11 de mayo de 2018

estando con ella me siento feliz

Aunque suene a tópico, es totalmente cierto. Estoy tan acostumbrado a verla de pasada, que cuando coincidimos un par de horas, como hoy mismo, me carga las pilas completamente. Además, ha sido un encuentro en el que la he acompañado andando un rato, sintiéndome como su pareja, y para mi ha sido algo que me ha hecho tan feliz, como seguro parecería ridículo para cualquiera que se lo contase. Por eso te lo cuento a ti, porque sé que al menos no me vas a cuestionar como la gente que me conoce, que podrían decirme, con toda la razón: "pero ¿qué tonterías dices?".


Sin embargo, ese rato que he ido con ella, hablando y mirándola a los ojos cada vez que podía, me he sentido como su pareja, su confidente y su amigo, aunque para ella simplemente fuese su cuñado, pero verla sonreir conmigo es algo que me hace feliz. Y eso he sido esta tarde con ella: feliz. Aunque mañana ella tenga a su marido de nuevo en mi lugar. No me importa. La he visto sonreir, he visto sus ojos corresponder mis miradas. La quiero.

lunes, 30 de abril de 2018

en la calma de su hogar

Estar en su casa me sirve normalmente para impregnarme de ella, de su modo de vida y de su cotidianidad, pero también, últimamente, me supone una bofetada de realismo, porque me doy cuenta de que todo funciona, todo encaja, excepto yo. A menudo me quedo callado, y noto cómo las conversaciones fluyen y los momentos suceden, sin la mínima necesidad de mi. Al irme de su casa, me siento desolado, deprimido, con una especie de sensación de no ser nadie en esa casa, lo cual tiene bastante sentido. Y eso que ella me trata bien, me dedica momentos de conversación y detalles que me hacen ver que no debo ser tan exagerado con este tema.


Sin embargo, esa necesidad de significar algo más para ella me mata, me tortura, y debe ser que necesito que ella se emocione porque yo estoy allí o algo por el estilo. Absurdo, ¿verdad?. Lo sé, por eso lo entiendo y lo acepto, sin más. La remota idea de interferir en su vida alterando eso que allí veo, me pone enfermo, me provoca rechazo. En el fondo sé que ella es una ama de casa perfecta, y madre de familia ejemplar, tanto como cualquier otra, pero en definitiva merecedora de calma. Calma como la que yo busco, calma para explicar lo inexplicable...

sábado, 28 de abril de 2018

esos momentos absurdos

Lo que me pasa con Isabel es que tiene una personalidad tan fuerte (esa frase que tanto le gusta a la gente), que algunas veces, en mi mundo construido al alrededor de su figura, meto la pata como tonto que soy, y choco contra su mundo perfectamente claro y planificado. Admito que yo soy más emocional, y sobre todo descerebrado, a veces. La anécdota en sí no es nada grave, ni mucho menos, pero su reacción me deja tocado, de bajón. Y sé que es así en parte porque al amarla como la amo, inconscientemente lo que espero de ella es siempre su parabién, y cuando no es así, me siento tonto, torpe, abatido. Y en esas estoy, además sin poder contárselo a nadie más que a ti. Qué tontería, pero es lo que hay, y por eso me oyes decir que nunca Isabel sabrá de mi lo que siento por ella, sencillamente porque quedaría como lo que soy: tonto, torpe, así soy yo.

jueves, 26 de abril de 2018

sin contigo ni sin ti

Isabel, yo pienso en ti cada mañana
a pesar de esta distancia inevitable

que me hace desear cada semana
ese instante en que tu voz por fin me hable

no me culpes si te busco en tu ventana
sólo quiero tu expresión tan adorable.


miércoles, 25 de abril de 2018

ella también piensa en mi

A veces estoy tan metido en mi mundo interior con ella, que de tanto pensar y fantasear, me olvido de que ella, como familiar que es, también piensa en mi de vez en cuando, y recibo noticias suyas que me hacen despertar a ese mundo real, en el que siempre vivo.

A veces pasa que esos detalles son más íntimos de lo que yo espero. Quiero decir que sus pensamientos van un poco más allá de lo que asumo como normal y previsible. Un día cuenta conmigo para un evento, o me hace un regalo, como contrapartida a los favores que yo le hago encantado. Y es en esos momentos cuando me doy cuenta de que ella me aprecia, y eso lo sé. Y es algo que me hace inmensamente feliz, no yendo mas allá de un simple detalle, pero me gusta. Me gusta ella.

martes, 24 de abril de 2018

cuando la veo venir

Dentro de poco tengo una celebración en la que vamos a coincidir mi cuñada y yo. Al estar rodeados de gente, seguramente nadie caerá en la cuenta de que la miraré varias veces con deseo y amor. Menos mal, porque ya estoy muy nervioso sólo de pensar en lo guapa que estará, en lo atractiva que se va a poner para la ocasión. Me pasa siempre que tenemos una boda o similar, tengo que pensar en otra cosa para evitar fijarme constantemente en ella, y acabo mirándola a los ojos sin querer, en una expresión que temo que disimule muy mal el amor que le tengo.

En ocasiones así ella suele estrenar algo, y se convierte en mi centro de atención, quiero estar con ella, intento forzar la cercanía, sin caer en ser pesado, no sé si lo consigo. Entonces, ¿qué hago?. Si no aprovecho los pocos momentos que estoy cerca de ella, me siento mal, y si lo hago me siento pesado. Lo que me gusta es que no parece que a ella le moleste estar conmigo, pero sí que veo que no aprovecha las oportunidades que le da el destino, como sí lo hago yo. Si hay que ir a un sitio y va ella, yo me ofrezco, si hay que decidir qué hacer, intento que el plan sea con ella, pero en su caso sólo a veces lo hace, y hay otras en que veo que yo lo tendría super fácil y sin embargo ella no lo hace. Esto es un lío, pero debo reconocer que siempre que puedo trato de estar a su lado, y en serio, cuando estamos en una boda y se pone tan guapa, sufro mucho, porque me siento especialmente lejos de ella, no me preguntes porqué.

Algunas veces pienso que me encanta verla en pijama, o en ropa de estar por casa, porque sé que nadie más la mira como yo. Sin embargo, cualquier piropo cuando se pone guapa es una flecha para mi. Y que conste que me encanta que se ponga guapa, y que le guste a todos, pero no sé, tiene un punto de morirme de celos cada vez que la veo radiante de belleza. ¡Qué tonto soy!...

lunes, 16 de abril de 2018

cuando hago ese papel

Hay una cosa extraña, o quizás no tanto, que me ocurre con Isabel. Es cuando las circunstancias de la vida me llevan a "suplantar" de alguna manera a su marido, a quien respeto profundamente. Surge esa situación en la que me veo en la oportunidad de acompañarla a solas o en familia, haciendo de facto el papel de su marido, pero en la piel de quien soy realmente. No digo que interprete, ni mucho menos, sólo que me siento en su piel.

Es entonces cuando compagino el disfrute de la conversación a solas con ella, inundado de sensaciones, con la mirada furtiva a sus ojos, sus labios, y en ocasiones más que eso. Como en alguna canción de Luis Miguel, el deseo me lleva a desearla más allá de la sensualidad, del amor. La deseo como -perdón por la licencia- como si fuese mi mujer.

Durante unos momentos, minutos, incluso con suerte horas, cierro los ojos mientras ella me habla y deseo ser su marido, mientras mi cerebro registra cada una de sus palabras, en un extraño placer difícil de explicar con palabras. Ya te dije que no soy un gran narrador, pero esto es lo que siento: daría todo por girarme hacia ella y sentirme correspondido en un beso cálido y profundo. El mero hecho de imaginarlo, desde el punto de vista sensorial, me hace estremecer, así que antes de quedar como un atontado, le replico a sus palabras con el tacto y la prudencia de un cuñado, simplemente eso, sobre la arena de la playa, mientras me siento un mísero granito de arena en la inmensidad de la playa que es su amor. El amor de Isabel.

martes, 10 de abril de 2018

como si la viera

Es como si la viera. Cuando está al teléfono algunas veces aprovecho para enviarle algún mensaje. Siempre suelen ser cosas triviales, lo primero que se me ocurre, pero me sirve para decirle de algún modo que estoy por ahí y que me acuerdo de ella. En ese momento trato de imaginarme su cara, qué piensa, si me pone cara ella a mi, imaginando que me tiene delante. Casi siempre sé que le estoy arrancando una sonrisa, e inmediatamente me imagino sus labios y sus ojos, en esa expresión risueña que me conozco de memoria. Al fin y al cabo es un "mini-te-quiero", un "mini-te-echo de menos", un "mini-me-acuerdo-de-ti". Son tantas cosas, que a mi me sirven para imaginarme que estoy con ella, aunque sea como siempre en la distancia, y por otro lado me ayudan a forzar el que ella piense, durante al menos unos segundos, en su cuñado, cosa que para mi significa mucho. Muchísimo.

miradas culpables

A sabiendas de que suena cual excusa
sinceramente Isabel te lo pido
no me culpes si se me va la mirada,

Tanto quisiera que fueses mi amada
que alguna vez puedo parecer ido
soñando que seas algo más que mi musa.

lunes, 9 de abril de 2018

mi amor en la distancia

Isabel querida mía
aun sin nunca decirte esto
y a pesar de estar lejana 
no te extraño cada día
pues te tengo en cada gesto
y en de ti mi eterna gana.

domingo, 8 de abril de 2018

el momento de la despedida

Dado que veo a Isabel de vez en cuando, hay un momento para mi especialmente poco agradable, que es cuando me tengo que despedir de ella. Ya te he contado alguna vez que ella no es muy dada a regalar besos, pero para mi sus besos son muy valiosos, por lo que cuando puedo, sin forzar mucho, busco su despedida con dos besos. El momento de acercarme a ella y sentir su mejilla es para mi indescriptible, y sentir su aroma por un segundo es algo que necesito.


En ese instante sé que estaré un tiempo sin verla, como mucho la escucharé por teléfono, así que intento captar en mi retina hasta el más mínimo detalle de su mirada, de su expresión, imaginando que me va a echar de menos la décima parte de lo que la voy a extrañar yo a ella.

Imagínate cuando ni siquiera hay despedida directa, cuando no hay besos. Para mi despedirla sin tener sus besos es en cierta manera doloroso. Bastante.

martes, 3 de abril de 2018

a su entera disposición

De un tiempo a esta parte, tengo la sensación de que paso menos tiempo con Isabel. De hecho me estoy dando cuenta de que me quejo constantemente de ello en el blog, lo siento si soy repetitivo, pero mi idea con este espacio es simplemente desahogar mis sentimientos, sin aspirar a ser un escritor de éxito con ello. Quiero decir que voy contando lo que se me pasa por la cabeza, esperando con ello que te hagas una idea lo más aproximada de lo que amo a Isabel.

Una de las cosas que más echo de menos es cuando ella no conducía, y con frecuencia me pedía que le acercase a algún sitio en mi coche. Siempre me costó cero hacerle este tipo de favores, pero con el tiempo además me habitué a disfrutar de esos momentos de intimidad y conversación con ella. Alguna vez me sentí bastante cercano a ella, con conversaciones más personales. A día de hoy sigo aprovechando la más mínima oportunidad para compartir con ella momentos así, aunque desde que ella conduce, he perdido mucho de ese placer, y cuando ocurre ya no suele ser igual. Y lo echo de menos, la verdad. Desde el propio hecho de sentirme a su disposición hasta el detalle tonto de fijarme en sus piernas al subirse al coche, como ya te imaginarás, todo para mi es especial con ella.

lunes, 2 de abril de 2018

maneras de decir te quiero

Fue precisamente Isabel quien hace un tiempo nos envió esta imagen en un grupo de WhatsApp en el que estamos los dos:


Inmediatamente se me quedó grabado el mensaje de "te quiero" que ella, como mujer y como persona, espera de los demás, como de igual manera sabe compartir en su vida, sobre todo con la familia. No derrocha amor evidente (no es muy de regalar besos, yo de hecho muchas veces tengo que trabajármelo para conseguir uno), pero sí he sentido muchas veces su amor, eso sí, de cuñada, que no es poco.

Así que de la lista me quedé con una expresión, que ya he utilizado varias veces, y que es de hecho, mi forma encubierta de decirle "te quiero" a Isabel. Esa expresión es "Me acordé de ti". Siempre que puedo la utilizo con ella, a propósito. Imagino que ella no asocia esa frase a este mensaje tan antiguo, pero para mi es una forma de decirle te quiero de vez en cuando. Al fin y al cabo, como reza la imagen: hay que saber escuchar, y ella desde luego es inteligente como no te imaginas, sabe captar muchos de los mensajes que le escondo en nuestras conversaciones. Trivialidades, sí, pero me encantaría pensar que alguna de las veces que le digo: "vi esto y me acordé de ti", o "estuve allí y me acordé de ti" ella sabe descifrar mi mensaje real hacia ella: "Me acordé de ti una vez más porque te quiero". Y por te quiero ya ni siquiera quiero decir te amo, sino al menos te quiero. Pero mucho.

su casa, su hogar

En relación al post anterior, algo que me pasa cuando estoy en su casa, es que choco frontalmente contra su vida en familia, su vida real, y mis fantasías de estar algún día a su lado se desvanecen por completo. En realidad ya soy consciente desde hace mucho tiempo de que ella tiene su vida y yo la mía. Y no sólo eso, sino que tenemos el agravante de que nuestras vidas están relacionadas fuertemente. Sé que eso es así y lo asumo.


Pero últimamente me resulta especialmente duro ver a mi cuñada en su vida cotidiana, en la que yo sólo soy un pequeño actor secundario. Sin embargo, no olvido que con ello puedo disfrutar de ella, captando planos desde lejos como una cámara en el rodaje de una película. Planos imprescindibles para la secuencia completa. Por ejemplo, verla en su propia casa me da la valiosa vista de su vida más real, más relajada. Es un placer para mí verla sentarse en el sofá con las piernas recogidas, charlando relajadamente, de verdad tenías que verla. Es preciosa.

no sé si cuanto más cerca mejor

En estos días en que tengo la suerte de estar cerca de ella, hay muchos detalles que me impiden en cierta manera disfrutar de ella como me gustaría. 


Por ejemplo me pude el ansia de estar con ella, y pienso constantemente en el momento de la "despedida". Sé que es una tontería, pero me pasa. También me encuentro en tensión, sobre todo si me habla mirándome a la cara, esta vez me ha puesto especialmente nervioso su mirada, sigo pensando que a medida que pasan los años, cada vez está más guapa. La edad le sienta fenomenal, no te lo imaginas.

Pero como soy tonto, no acabo de disfrutar, porque en el fondo estoy más pendiente de no separarme de ella. En fin.

miércoles, 28 de marzo de 2018

cuando está lejos, cuando está cerca

Lo imprevisible de tu ser
imagino que es en parte
lo que me hace así querer
merecer por siempre amarte.


Ansiedad que siempre me invada
cuando estemos como ahora,
que siento tu voz, tu mirada
tan cerca que me acalora.

martes, 27 de marzo de 2018

las redes sociales

Desde que me enamoré de mi cuñada, las redes sociales se han convertido en un medio que me permite estar en contacto con ella en la distancia, y aunque parezca una tontería, cada mensaje suyo por WhatsApp me supone una alegría, una forma de sentir en mi una seña de atención que viene directamente de ella. Ahora no recuerdo si he recibido algún beso por WhatsApp, pero sí un corazón que me supo a gloria, era enorme además.

Cada vez que ella visita mi estado o me envía un mensaje, y veo su foto de perfil (no es su cara, pero es ya un icono inconfundible para mi), me invade la expectativa de qué me dirá, o si será algo urgente. Recibir un mensaje suyo cuando menos me lo espero es algo que incluso echo de menos a veces. Me encanta escribirle y esperar a que ella conteste, y nunca suelo alargar la conversación, me horroriza ser pesado, no sé si lo consigo. En cualquier caso, adoro estar conectado a ella, aunque sea de una forma tan digital.

viernes, 23 de marzo de 2018

isabel de mi vida

por pura piedad
sácame del dolor
de quien en soledad
sólo sabe del amor


entretanto trataré
de alojarme en su cordura
y las fuerzas sacaré
para entender mi atadura

y tú te vas

Me pasa no pocas veces, que al ser su cuñado, llega ese momento en que nuestros planes divergen, y las despedidas no son muy efusivas ni se alargan. Me refiero a que si hemos quedado o ella ha quedado, o te encuentras con unos amigos, de repente cada uno se va por su lado con la mayor naturalidad, y me veo mirándola de reojo, perdiéndola entre la gente, sin una despedida con un beso, sin una mirada más allá de la confianza propia de la relación familiar.


Eso me duele, en el fondo me gustaría quedarme con ella, me siento siempre más a gusto de estar en su compañía, pero ella da por supuesto que debe desaparecer, e involuntariamente me deja sin su compañía, difuminándose entre la multitud. Yo intento mantener la vista de su silueta hasta el último momento, mientras una vez más, disimulo sobre mis sentimientos con ella. Sé que esto tiene que ser así, pero me cuesta hacerme a la idea, resignarme a verla sólo a ratos, muy de vez en cuando, cada vez menos...