jueves, 20 de septiembre de 2018

volverte a ver

Mi querida Isabel,

Cuando hace tiempo que no te veo, me pongo super nervioso, porque no sé qué pasará cuando nos encontremos. Es una tontería, porque suele pasar lo mismo, yo llego y te busco para darte dos besos, y tú más bien me sonríes pero no me buscas. No buscas a nadie, simplemente más que contacto físico, recibes con la mirada, con esa mirada que me ha enamorado desde que te conozco...

Pero yo pienso en lo que necesito ponerte la mano en el hombro, creo que antes lo hacía en la cintura, y acercarme a ti lo más que puedo hacerlo, sintiendo el aroma de tu pelo, de tu piel. Es un segundo en el que trato de captar el aroma que desprendes con la mayor intensidad posible. También me imagino qué pensarás tú. Sé que te gusta verme, pero nunca sé hasta qué punto. Desde luego soy consciente de que no te late el corazón a cien como a mi, no sé si alguna vez llegarás a notarlo cuando me acerco a ti. Tampoco me siento cómodo demostrándote de forma muy evidente que estoy enamorado de ti, pero si me gusta ser sutil, y dejarte pequeños mensajes que evidencien ese amor que ansío algún día sea mutuo...

Te quiero Isabel. Estoy deseando verte de nuevo.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

soy consciente del peligro de idealizarte

Mi querida Isabel,

Me voy a poner pesado. Ahora que no estoy a tu lado desde hace unas semanas, puedo decir que no tengo ese subidón que me sale cuando acabo de estar contigo, y que me hace verte como la mujer más maravillosa del mundo, y desde luego con la que deseo estar. No digo que ahora mismo no sienta eso, porque sí lo siento, pero tengo la calma de saberte lejos, de sentirme resignado a no tenerte a mi lado...

Es por eso que siento que no te idealizo hasta el punto de exagerar mis sentimientos hacia ti. Sé que en el fondo eres una mujer de cuarentaytantos, eso sí, muy bien cuidada, pero en el fondo una mujer normal, aunque me provocas unos sentimientos que nunca sé explicar con precisión. Simplemente te amo, y siento la serenidad de admitir que eres una mujer que pasa desapercibida para muchos hombres, por suerte para mi, ya que no podría soportar los celos de saberte deseada por muchos hombres, mira tú qué tontería. En el fondo siento celos de tu marido, de cualquier otro hombre que te desee, aparte de mi, y con eso sufro de verdad.

Mi querida Isabel, te veo y veo a una mujer normal, una mujer que pasa desapercibida, pero para mi no lo pasas en absoluto. Tus manos son para mi objetos de deseo, sé que daría cualquier cosa por cogértelas y sentir la caricia de tus dedos, simplemente eso. Y también sé que eso nunca lo tendré, como nunca tendría la caricia de la mujer más deseada del mundo. En el fondo para mi eres como una diosa, inalcanzable e ideal, simplemente perfecta.

jueves, 13 de septiembre de 2018

no me acostumbro

Mi querida Isabel,

Cada vez llevo peor lo de estar lejos de ti. Debe ser porque cada día me enamoro más de ti. Hay veces que me gustaría escaparme por las noches para estar cerca de ti, aunque no me veas, pero es que necesito esa cercanía que nuestra vida cotidiana me niega continuamente.

Después de estar cerca de ti en verano, llega como siempre el otoño y de nuevo nos alejamos. Para ti seguramente esto no tiene mayor importancia, pero para mi es un dolor... Recurro a tus fotos y creo tenerte cerca, incluso escucho tu voz y sobrellevo mejor la lejanía, pero qué duro es esto de verdad, Isabel. Pienso en gente que te tiene cerca en el día a día, mucha gente, muchos de ellos ni siquiera valoran lo que es disfrutar de tu mirada, de tu voz, de tu cercanía. Y pienso en lo guapa que te pones los domingos, y cómo me pierdo sistemáticamente esa belleza, y el tiempo va pasando... y yo sigo sufriendo, por no tenerte cerca Isabel querida mía...

lunes, 10 de septiembre de 2018

lo que te diría cada día

Mi querida Isabel,

He visto esto en Instagram y como no podía ser de otra manera he pensado en ti, porque te diría esto cada día: 


Me parece ver tu sonrisa, mi querida Isabel ;-)

domingo, 9 de septiembre de 2018

regalo por buena cuñada

Mi querida Isabel,

Un día estaba ordenando las cosas del coche y cogí algo que tenía por ahí, y como excusa para hablar contigo, que estabas cerca de ahí, te lo di y te dije: "Isabel igual te sirve esto". Tú lo cogiste en la mano y al mirarlo me dijiste que claro, que muchas gracias, te venía bien.

Al cabo de un rato alguien te vio con ello y preguntó quien te lo había dado. Escuché de lejos cómo respondías que te lo había dado yo, que tal vez era un regalo por buena cuñada... Aquello fue un detalle sin importancia, pero me gustó. Realmente la razón podía ser perfectamente válida para la ocasión, y aquella salida tuya me pareció inesperada pero muy  dulce. Desde luego eres una buena cuñada, la mejor de hecho. Aunque el regalo no merecía tanto, ya que era una tontería, pero desde luego buena cuñada es la razón perfecta para cualquier regalo que se me ocurra, buena en todos los sentidos, mi querida Isabel.

sábado, 8 de septiembre de 2018

sentirte dormir cerca de mi

Mi querida Isabel,

Hay una cosa que me encanta, y es la calma de verte o mejor dicho, sentirte dormir cerca de mi de vez en cuando, en esas ocasiones en que estamos cerca y tú después de comer te tumbas en el sofá y te quedas dormida, en una breve siesta. Me encanta cerrar los ojos e imaginar que estamos solos los dos, que no hay nadie más y que tú estás durmiendo conmigo, incluso pegados el uno al otro. Pero me basta con abrirlos de nuevo para ser consciente de que tan sólo te tengo cerca de mi, que no es poco...

Algunas veces te descalzas y subes las piernas, y en alguno de esos movimientos no puedo evitar fijarme en tus piernas, con eterno disimulo. No dejo de pensar en cómo sería dormir a tu lado, abrazados, sintiendo tu aliento en mi, incluso desnudos, pegados. Todo eso me pasa por la cabeza, pero como sabes bien no dejo que pase de ahí, de mi imaginación. Hace poco quiso el azar que durmieses una noche sola en una cama muy cerca de la mía, y como yo me había acostado tarde no lo supe hasta la mañana siguiente. Son esas cosas que me pasan contigo que no puedo disfrutar del todo, pero no pasa nada. Esa mañana fui feliz, sabiendo que te tuve toda la noche a mi lado, a unos metros de mi, durmiendo allí, al alcance de mi imaginación, como cada noche...

Mi querida Isabel, hasta durmiendo eres bella, y lo sé bien, porque te miro cada vez que puedo, y veo el amor que nunca tendré, pero que sufro y disfruto cada segundo en que lo deseo...

viernes, 7 de septiembre de 2018

algo que te guste

Mi querida Isabel,

El otro día vi una película en la que dos amigos eran en realidad amantes, y él le regalaba a ella unos pendientes. Me hizo pensar en ti. Suelo encontrarme tus pendientes, anillos y sortijas en algún rincón, cuando los dejas mientras estás en casa. Los miro, a veces de forma furtiva los tomo en mis manos, y pienso que ellos son testigos de tu día a día, y que siempre o casi siempre están en contacto con tus manos, tu piel...

Me gustaría alguna vez regalarte algo que lleves siempre contigo, unos pendientes, un anillo, o algo que sea para ti un complemento imprescindible en tu día a día. Pero no se me ocurre qué puede ser que cumpla ese requisito: algo que te regalaría tu cuñado, nada menos. Normalmente un cuñado no regala esas cosas, sino que como mucho participa en el regalo, lo anterior sonaría muy raro a cualquiera. Pero a mi me pasa como a Roberto Carlos, que siempre quiero ser la toalla que deslizas por tu piel, estar en el más suave toque de tus dedos, ser el sol que entra y da por tu ventana. Quiero estar siempre en contacto contigo, con tu piel, mi queridísima Isabel.

de repente un pequeño corte

Mi querida Isabel,

Soy consciente de que no te gustan mucho los besos, tú no eres muy de dar besos a la gente. Pero tienes que saber que para mi un beso tuyo es como un tesoro, una sensación de indescriptible valor, aunque sea un beso en la mejilla. No siempre que nos vemos nos damos besos, aunque si fuera por mi lo haría siempre. El momento de besarte aunque sea de pasada, me da un acercamiento que para mi vale mucho más que un gesto de cariño...


Por eso cuando el otro día nos vimos y de repente me dices que no te levantas porque estás cansada, me llevé un chasco muy grande. Comprendo perfectamente porqué me lo dijiste, lo que pasa es que yo llegaba con la ilusión de besarte, y de repente me quedé sin mi beso, estuve un rato un poco descolocado, como si me rechazases, o temiéndome que para ti darme un beso no sea algo deseable, qué tonto soy. En fin, son cosas que pasan, y lejos de enfadarme contigo seguiré besándote, aunque sea por teléfono, donde suelo dosificarlos, pero me gusta despedirte de vez en cuando con un "un beso, Isabel"...

jueves, 6 de septiembre de 2018

celos de él

Mi querida Isabel,

Lo que te voy a contar es muy absurdo, como la mayoría de los sentimientos que reflejo en este blog, pero es lo que siento y así te lo cuento. Durante mucho tiempo he sido ajeno a tu vida más allá de los ratos que pasábamos juntos, pero desde aquel momento en que fui consciente de que estaba enamorado de ti, hace ya varios años, no dejo de pensar en qué haces cuando no estoy a tu lado, y eso que estamos separados la inmensa mayoría del tiempo...

Eso se suele llamar celos, y a mi me ha pasado cuando te vas con tu marido, y más cuando os vais juntos, y sé que vais a estar solos en casa por cualquier motivo. Es como ves muy absurdo, pero imagino que mi gran deseo de compartir una intimidad utópica contigo me lleva a sufrir en cada momento de intimidad que pasas con él, y del que yo soy consciente. Tengo que admitir también que le respeto y aprecio, y fuera de mi mundo de fantasía deseo que estés siempre con él, no creo que soportaría que estuvieses con otro, en realidad. Y admito así que nunca estarás conmigo, lo cual me duele sólo de pensarlo... Ya te digo que en este blog intento explicar lo inexplicable, y no me resulta fácil...

martes, 4 de septiembre de 2018

cuando menos me lo espero

Mi querida Isabel,

No te exagero nada si te digo que desde el fin de semana en que nos hemos visto no dejo de pensar en ti. Creo que mis horas de trabajo son probablemente el periodo en el que desconecto de ti tal vez una o dos horas, no más. De hecho a menudo trato de convencerme a mi mismo de que no estoy obsesionado contigo, ¡qué diferencia con tu vida, en la que yo sólo soy un cuñado en el que imagino piensas esporádicamente!. Debería envidiarte por ser tan racional, pero en el fondo esa idealización de ti me parece atractiva, me gusta pensar en esta Isabel ideal, perfecta, bella, irresistible, te aseguro que para mi lo eres, siempre.

El caso es que por alguna circunstancia de repente no estoy pensando en ti, lo cual no es malo, y entonces apareces, normalmente, debido a la distancia, por teléfono o WhattsApp. Y me da un vuelco el corazón. No te imaginas lo que significa para mi una llamada tuya, un mensaje... bueno, si has estado enamorada lo sabes bien, es como un soplo de aire fresco, un ansia viva de coger esa llamada cuanto antes. Y entonces viene la parte mejor: sentir tu voz, tu respiración, imaginar tu mirada, tus labios, qué decir... Esto que para cualquiera puede sonar a nimiedad, para mi, enamorado de Isabel, es todo, es lo que necesito. De hecho, no es sólo tu voz, tu llamada de unos minutos, es la cantidad de minutos, horas, días que estaré recordando tu voz y el tono de cada una de tus palabras, Isabel, es el amor que inspiran en mi tus palabras...

Y sin embargo, después de todo, para ti esto es una simple conversación, y no sabes que me has hecho tan feliz con algo tan simple, como una llamada en el momento (siempre) más oportuno. Te quiero, Isabel.

domingo, 2 de septiembre de 2018

ese tipo soy yo

Mi querida Isabel,

Yo soy ese tipo que espera impaciente a que vuelvas cada vez que te vas.
Yo soy ese tipo que cuenta las horas cada semana sin ti.
Yo soy ese tipo que acaricia tu ropa y siente el tacto de tu piel.
Yo soy ese tipo que envidia a quien contigo está.
Yo soy ese tipo que ansía tu voz aunque sea en la distancia.
Yo soy ese tipo que no sabe estar con la gente si tú no estás.
Yo soy ese tipo que disimula su alegría cada vez que tú estás.
Yo soy ese tipo al que le duele saberte sufrir.
Yo soy ese tipo que sabe asumir cada golpe de tu vida real. 
Yo soy ese tipo que convierte tus minutos en días y meses.
Yo soy ese tipo que sabe que nunca tendrá lo que quiere de ti.
Yo soy ese tipo que piensa en ti cada minuto del día.
Yo soy ese tipo que sufre en cada beso que tú no me das.
Yo soy ese tipo al que no sientes ni oyes pero siempre está.
Yo soy ese tipo que daría media vida por vivir contigo la otra mitad.
Yo soy ese tipo que sueña asumiendo la no realidad.

Mi querida Isabel, ese tipo soy yo...

domingo, 26 de agosto de 2018

quiero ser todo en tu vida

Mi querida Isabel,

Si de algo estoy seguro es de que si alguna vez estuviese junto a ti y pudiese decirte lo que siento cada vez que te veo, seguramente no sería capaz de expresarlo con palabras. De hecho este blog es un poco la forma de contarlo, y nunca estoy seguro de que lo que escribo en él sea siquiera comprensible. Sin embargo hay veces que escucho canciones que definen bastante bien mis sentimientos hacia ti. Hay una del gran Roberto Carlos que podría hablar por mi, y que describe en muy pocas palabras lo que me gustaría ser para ti y nunca seré, lo que me gustaría sentir de ti y no puedo sentir...


Quiero ser tu canción desde el principio al fin
Quiero rozarme en tus labios y ser tu carmín
Ser el jabón que te suaviza, el paño que te baña
La toalla que deslizas por tu piel mojada
Yo quiero ser tu almohada, tu edredón de seda
Besarte mientras sueñas y verte dormir
Yo quiero ser el sol que entra y da sobre tu cama
Despertarte poco a poco, hacerte sonreír
Quiero estar en el más suave toque de tus dedos
Entrar en lo más íntimo de tus secretos
Quiero ser la cosa buena, liberada o prohibida
Ser todo en tu vida


Al menos de momento tengo el inmenso placer de, aunque sea de vez en cuando, hacerte sonreir.

martes, 21 de agosto de 2018

claro que eres perfecta

Mi querida Isabel,

En tu modestia infinita dices que tu cuerpo no es perfecto, y puede ser. Lo que pasa es que cuando veo tus curvas en la playa, o disfruto de la elegancia con que te mueves o de lo preciosa que te pones para una boda, me cuesta mucho pensar que no lo eres. Que no eres la mujer más perfecta que he visto en mi vida. Todo en ti me atrae, todo en ti es armonioso y sensual. No negaré que me atraes desde mucho antes que te amase, y al principio esa atracción tenía mucho que ver con lo físico, sobre todo con lo físico, con el físico de tus piernas y sobre todo de tus caderas...

Me resulta raro escucharte cuando te sacas algún defecto, o insinúas que ya no tienes edad de seducir, siento como una impotencia por corregirte instintivamente, algo que evito para no despertar sospechas o suspicacias. 

De cualquier manera, ahora que mi amor prevalece sobre cualquier sentimiento hacia ti, debo reconocer que físicamente me atraes con locura, tu físico sigue siendo para mi toda una tentación irresistible en algunos momentos...

lunes, 20 de agosto de 2018

corazones en el espejo

Mi querida Isabel,

Durante tanto tiempo dibujé corazones con mis dedos en tus espejos, que soy incapaz de llevar la cuenta de las veces que pensé en ti mientras seguía la rutina de trazar esa figura rápidamente, para no ser sorprendido y luego expulsar un poco de vaho para verlo dibujarse allí, en cualquier espejo o cristal que sabía que tú ibas a mirar más tarde o más temprano. Esos corazones eran un mensaje para ti, que nunca tenía claro si ibas a recibir, pero que a la vez tampoco estaba seguro de querer transmitirte tan directamente. Esta duda formaba parte del miedo que siempre tenía a contarte todo esto, siquiera a darte la menor pista que te llevase hasta la conclusión de lo que realmente sentía por ti.

En cualquier caso esos corazones eran siempre tuyos, eran un te quiero, eran una demostración de que cada minuto pensaba principalmente en ti, a pesar de las circunstancias, y en gran parte gracias a esas mismas circunstancias...

llámalo x, pero para mi es una cita

Mi querida Isabel.

Hay veces en que sin planificarlo, acababa felizmente siendo parte de tus planes, incluso cuando esas situaciones desde fuera parecían una auténtica liada. En el fondo para mi no lo eran en absoluto, como seguramente ya sabes, a estas alturas. De repente veníais a mi diciéndome que habíais decidido que iríamos juntos a algún sitio, y que yo sería el chófer. Yo no podía estar más encantado, además de sorprendido, e incluso a veces tenía que disimular mi regocijo, al saberme a punto de disfrutarte casi a solas por un rato, en la intimidad del coche. Para mi eso era, al fin y al cabo, toda una cita contigo, la mujer perfecta.


En algunos casos, incluso el coche era el tuyo, y me veía suplantando a tu marido por un breve tiempo, lo cual digo con todo el respeto que me merece él, a quien considero ante todo un afortunado por tenerte por esposa. Isabel de mi vida, esos ratos de conversación y compañía suponían para mi un oxígeno de incalculable valor, con un recuerdo especial: el día en que te llevé en tu coche mientras escuchábamos a Roberto Carlos, incluyendo algunas de las canciones que normalmente escucho a solas pensando en ti. ¿Se podía ser más feliz?. ¿Cómo expresar con palabras la satisfacción que me producía saberme "víctima" de esa liada?. Como digo en la cabecera de este blog, es aquí donde trato de explicarte lo inexplicable.

Tuyo.

viernes, 17 de agosto de 2018

¡ayuda urgente!

Mi querida Isabel,

En ocasiones sabía que no iba a verte en todo el día, con suerte por la noche, ya que tendrías uno de tus eventos familiares en los que pasarías todo el día fuera. Así que yo me hacía a idea... Como mucho podría forzar el momento de verte marchar, ya que seguro que te pondrías guapa, y tendría el placer de verte probablemente subir al coche y desaparecer de mi vista como se escapa el agua entre los dedos...

Pero en aquella ocasión decidí no forzar nada, y me quedé en mi sitio. Allí estaba a lo mío, cuando oí tu voz, Isabel. Divina e inesperada, eras tú, no era mi imaginación. Y lo mejor es que estabas allí, reclamando mi ayuda urgente. De la frase completa me quedé con tu dulce: "te necesito"... aquello me activó completamente. Me encantaba cuando me pedías ayuda, pero cuando me acerqué además recuerdo que me encontré de frente con mi cuñada más guapa, más elegante y más atractiva. El sol te daba por la espalda y embellecía aún más tu silueta. Disimulé como siempre y respondí rápidamente a tu petición sin siquiera entretenerme en mirarte de reojo, aquella petición/visita inesperada era suficiente regalo para mi.

Una vez resolví tu problema, una pequeña rotura de uno de tus zapatos, volví a lo mío, con la satisfacción de haberte podido ayudar una vez más, algo que haría una y mil veces más encantado de la vida. Mientras tenía tu zapato en las manos, me sentía como el príncipe buscando a su cenicienta, no pude evitar pensar en esa tontería.

Favores así de tontos se iban acumulando en mi imaginación con la única contrapartida soñada de un beso de tus labios, algo que sabía imposible.

lunes, 13 de agosto de 2018

del verano que llevamos

Mi querida Isabel

He decidido dar un giro a este blog, y dirigirme a ti en segunda persona directamente. Lo haré porque nunca me dirigiré a ti para decirte esto que escribo. No lo haré por muchas razones, pero la principal es por lo mucho que te respeto. De esta forma, si alguna vez decidiese contarte lo que siento, simplemente tendría que darte la dirección del blog, y esperar que te conviertas en la única audiencia que descubra en cada línea sentimientos que de todas formas no sabría expresar sino con torpeza delante de ti.

Hace poco por ejemplo te quise contar que pienso en ti a diario, que me acuerdo de ti todos los días, y me hice tal lío que no sé si lo llegaste a entender. En mi estado de WhatsApp he dejado pistas que ni siquiera estoy seguro de que fuesen claras para ti. Por eso, por mi torpeza.

Ahora mismo estoy aquí sentado, pensando en que hoy es un día más que especial para mi. En realidad es una de esas veces que se alinea el destino para permitirme disfrutar de ti. Me explico. Cuando ha surgido la carambola de quedarnos juntos en casa todo el día no me lo podía creer, y en cada minuto es como que pienso en ti y se que no es como de costumbre, sino que te tengo si lo quiero. Me acerco a ver qué haces, a preguntarte cualquier cosa, y oigo tu voz, siento tu mirada, sin la dosificación habitual, sin medida. Puedo aparecer tantas veces como quiera y allí estás, es el ideal que siempre busco. Solo me faltaría poder besar tus labios, además de verlos moverse en cada palabra, en cada mirada que disfruto en exclusiva.

Sé que sueles bajar al salón de noche para leer o ver la tele, por eso estoy aquí. Porque en el fondo ansío poder verte de nuevo en total intimidad, sentados en el sofá. Como dos enamorados, aún sin besos, sin miradas cómplices, sin caricias, sin nada más que alguna mirada de reojo que me ayuda a alargar un poco más mi disfrute de esta jornada en la que puedo sentirme como tu pareja, sin serlo en absoluto, sin perder el respeto inmenso que te tengo, sólo sintiendo el aroma de la probabilidad de verte aparecer. Esa probabilidad que aun siendo baja me alimenta. Oigo un ruido y quiero pensar que eres tú bajando por la escalera, y a la vez siento vértigo de incomodarte si me ves aquí sentado. Una vez más la modestia de saberme lejos de tus pensamientos me mantiene en un vilo incomodísimo, a la vez que pleno de ansiedad. Es así como me siento ahora mismo, en el momento de escribir la crónica más en vivo y en directo que haya tenido este blog.

Una de dos. O te has quedado dormida y me tendré que subir a dormir sabiéndote cerca pero lejos, o bajarás por esa escalera y hablaremos un rato, de cosas cotidianas mientras ansío una intimidad conyugal imposible, cuando más, pero la ansiedad de esperar a que ocurra algo me tiene en vilo. Ahora no se oye nada, empiezo a perder la esperanza de verte hasta mañana, y aún así, el recuerdo de verte más tiempo seguido que en los 5 o 6 últimos meses ya me llena, me sirve de alegría. Oh un ruido, eres tú, lo sé... 

jueves, 26 de julio de 2018

llegó el momento de verla un poco más

Te puedes imaginar lo feliz que estoy. Ha llegado el momento del año en que probablemente más tiempo pase con Isabel. Estaré de vacaciones cerca de ella, y espero que coincidamos más a menudo de lo habitual, ya que el resto del año prácticamente me lo paso echándola de menos...

Ahora podré compartir con ella más tiempo, y quizás, con un poco de suerte, también podremos estar a solas algunos minutos, eso espero, para disfrutar de su voz, de su mirada y sobre todo de su sonrisa, incluso cuando me cuenta el día a día más mundano de su vida de madre y esposa. Todo eso me gusta de ella, en realidad con tal de estar a su lado me da igual cuando sea o cómo sea, porque siempre que puedo busco la excusa para compartir minutos con ella. Cada coincidencia con ella es un regalo para mí, a veces me pregunto porqué valoro tanto un momento tan normal y cotidiano...


En momentos como ir a la playa, ponerse guapa para quedar con alguien o simplemente verla por la mañana es cuando aprecio su belleza en todo su esplendor, y me pregunto porqué el resto del mundo no se deslumbra con su belleza y su personalidad abrumadora. La respuesta la sé. El resto del mundo no está enamorado de ella como lo estoy yo. Te amo, mi querida Isabel.

lunes, 23 de julio de 2018

la taza de ikea y más cosas

Lo primero, contarte que llevé la taza de Ikea para Isabel como oro en paño, y esperé al momento adecuado para dársela. Sólo que como ya iba emocionado y expectante, fue llegar ella y salí a su encuentro en cuanto pude, como que pasaba por allí, y ya al verla de lejos sentí la necesidad de hacer algo que suelo controlar para que no sea muy frecuente. Al acercarme a ella, antes de darle dos besos, la miré brevemente a los ojos y le dije: "¡qué guapa!", en voz baja pero de una forma bastante sincera, e inmediatamente le di dos besos y no le di más importancia. Ella se encogió de hombros y con una sonrisa de halago me miró a los ojos también, como diciendo: "nada especial"...

Después de un rato ya en casa saqué la taza, y cuando me crucé con ella en el pasillo, le dije "tú eres más de té, ¿verdad?", como preparando el camino para que no fuese muy evidente. De hecho ella no lo entendió a la primera, por lo rebuscado del asunto, y cuando se la di, lo leyó literalmente con su voz: "¿sabes que te quiero?", y antes de que dijese nada más, para quitarle hierro al asunto me apresuré a aclarar: "no lo has leído bien", e inmediatamente le puse la mano en el hombro y añadí: "que también, Isabel...". Ella entonces entendió el tono del mensaje: "¿Sabes qué té quiero?", y entonces se rió, pero estoy seguro de que después del detalle, entendió perfectamente el mensaje principal: "Isabel, una vez más me he acordado de ti y no sólo eso, sino que te quiero". No me salió ni tan mal, imagino que después de unos años Isabel recordará todo esto y llegará a la conclusión de que detrás de esto sólo podía haber amor, amor del de verdad. No tengo prisa, me refiero a que no busco reconocimiento, sino ir sembrando su amor, que si al final no surge no pasa nada.



De hecho he podido reflexionar bastante y entiendo que tenemos montada una vida en la que este amor que le tengo a Isabel es de todo menos factible. Aún así la quiero, y cada vez más. Ahora que no podemos amarnos, es cuando daría lo que fuera por un beso, un beso de los de verdad.

jueves, 19 de julio de 2018

siempre me sorprende

Cuando le doy vueltas a mi relación con Isabel, y pienso que me gustaría tener más confianza con ella, además de disfrutar de más momentos de intimidad, cuando pienso que estamos lejos, demasiado lejos, entonces va y me sorprende una vez más con un gesto de naturalidad que me desconcierta y me pone de nuevo alerta.

Un día bajamos a la playa y tuve la inmensa suerte de estar un rato a solas con ella, los dos sentados en la arena, hablando de todo un poco, en una calma que disfruto como cuando hueles una rosa, y cierras los ojos para disfrutar de cada matiz, de cada microaroma que sale de esos pétalos. Ese momento romántico que para mi vale oro, se rompió con algo insólito, e inesperado en ella. De repente se va a quitar el pareo y se queda pensando contrariada y me suelta: "Nooo, si te digo lo que se me ha olvidado... pues la parte de abajo del bikini!".

Yo traté de disimular, pero claro, ¿cómo reaccionas ante esa frase pronunciada en un momento así por la persona con la que te irías al fin del mundo?..... Pues solté una sonrisa para salir del paso, tratando de mantener la compostura, mientras automáticamente imaginaba lo que era evidente: que bajo ese pareo blanco tan sólo llevaba unas braguitas. La imaginación me llevaba a lugares inevitables, pero tengo que decir que a pesar de que me entraron unas tentaciones irresistibles de mirar, no llegué a verle nada, tal es la elegancia y discrección de mi querida Isabel. Por su naturalidad y por su saber estar, pero sobre todo por esos momentos que me hace disfrutar a solas, es por los motivos que estoy profundamente enamorado de ella. Y espero que ahora que llega el verano podamos disfrutar de algún rato de conversación en la playa, "a solas", ojalá.